
El cerebro de los gatos envejece casi igual que el humano, y la famosa «regla de los siete años» para calcular su edad no es más que un mito. Esta revelación la publicaron el 22 de junio de 2026 investigadores de la Universidad de Bath (Reino Unido), Auburn University (Estados Unidos) y la École Nationale Vétérinaire de Toulouse (Francia), en la revista Biology Open. La cosa va en serio: recurrieron a datos de casi 3.800 gatos, personas y otros animales, incluidas imágenes de resonancia magnética, análisis de sangre e incluso registros sobre cuándo abren los gatitos los ojos por primera vez o empiezan a jugar. El objetivo era averiguar qué reglas rigen el envejecimiento de distintas especies, no limitarse a compararlas con la habitual «calculadora de edad».
La leyenda sobre la edad de los gatos por fin ha acabado en la papelera, junto con los mitos sobre la Tierra plana. Los científicos realizaron un estudio a gran escala y compararon decenas de parámetros del envejecimiento: en esencia, el cerebro humano y el felino se «desinflan» de la misma manera. Los escáneres no mentían: los gatos envejecen como unos ancianos de ochenta años, y sus conciertos nocturnos quizá no sean señal de pereza, sino un motivo para preocuparse por su salud. La verdad es sencilla: la edad real de una mascota no se adivina con una calculadora, pero cada resonancia magnética hecha con cariño nos acerca un poco más a comprender el eterno problema del envejecimiento y, quién sabe, nos libra de un par de tópicos. La próxima vez que oigas al gato en mitad de la noche, recuerda que quizá haya un avance científico trabajando en tu sofá. Útil para la ciencia, irónico para nosotros.