
«Ayudad a mi gato de 15 años: le han vuelto a salir úlceras en la boca»
En la sección «Pregunte a la doctora Paola», la veterinaria Paola Cuevas responde a las preguntas de los dueños de gatos. Esta vez, la consulta trata sobre Sonny, un gato de 15 años al que le reaparecen las úlceras en la boca.
Mary Hellen, su dueña, cuenta que Sonny lleva varios años sufriendo las llamadas «úlceras de los roedores». Es un nombre coloquial, no significa que el gato haya estado en contacto con roedores. El término más preciso es úlceras indolentes o eosinofílicas. Forman parte del complejo granuloma eosinofílico felino y suelen estar relacionadas con una reacción de hipersensibilidad, una especie de respuesta inflamatoria alérgica.
Antes le ponían inyecciones y el problema remitía durante un tiempo. También toma a diario el suplemento Nutra Thrive. Según su dueña, le ayudó durante unos dos años, pero ahora han vuelto las úlceras. Sonny sigue comiendo, aunque pasa casi todo el tiempo tumbado y, a juzgar por su comportamiento, puede que le duela la boca.
La doctora Paola señala que conservar el apetito es una buena señal, pero no hay que pasar por alto un cambio de comportamiento. Las úlceras eosinofílicas por sí solas no suelen causar mucho dolor. Por eso, el abatimiento y el malestar evidente podrían indicar que el gato tiene otro problema.
Hay que llevar a Sonny al veterinario cuanto antes. Conviene hacerle una exploración minuciosa de la boca; si no se deja, quizá haya que recurrir a la sedación o la anestesia. El veterinario debe confirmar que se trata realmente de una úlcera eosinofílica y no de otra afección dolorosa: una enfermedad dental, gingivoestomatitis crónica felina, reabsorción dental, un tumor en la cavidad oral o una infección secundaria.
Si la úlcera persiste, tiene un aspecto inusual, está bien delimitada o responde mal al tratamiento anterior, el veterinario puede recomendar una biopsia. Algunas enfermedades tienen un aspecto casi idéntico y la apariencia de la lesión no siempre permite llegar a un diagnóstico preciso.
Es probable que las inyecciones anteriores contuvieran corticoides, fármacos que suelen reducir los síntomas de las lesiones eosinofílicas. Pero el uso repetido o prolongado de esteroides en un gato mayor exige una valoración cuidadosa: con la edad, el equilibrio entre beneficios y riesgos puede cambiar.
También conviene buscar las causas que mantienen la inflamación. El veterinario puede recomendar una protección rigurosa contra las pulgas y, si procede, una dieta de eliminación bien planificada. Este método consiste en retirar temporalmente de la dieta los posibles alérgenos y evaluar la respuesta del organismo de forma sistemática, en vez de ir cambiando de pienso sin ton ni son.
Una úlcera es más bien humo que fuego: tratar la lesión visible puede aliviar el problema, pero la inflamación puede volver si no se busca la causa. Así que no conviene confiar únicamente en Nutra Thrive. Para el mayor Sonny, el siguiente paso sensato es una revisión completa, una exploración de la boca, los análisis de sangre que correspondan y valorar si hacen falta radiografías dentales o una biopsia.
Los gatos saben ocultar el dolor con una entereza casi profesional. Si una mascota normalmente activa se vuelve silenciosa, distante y pasa mucho tiempo tumbada, puede ser una señal importante de sufrimiento, aunque conserve el apetito.
El artículo trata de Sonny, un gato de 15 años al que le aparecen desde hace varios años las llamadas «úlceras de los roedores». El nombre coloquial puede llevar a engaño: se trata de úlceras indolentes o eosinofílicas, que forman parte del complejo granuloma eosinofílico felino. Estas lesiones suelen estar relacionadas con una reacción de hipersensibilidad.
Antes le ponían inyecciones que mejoraban su estado temporalmente. Su dueña también le da Nutra Thrive a diario y cree que el suplemento le ayudó durante unos dos años. Ahora las úlceras han vuelto. Sonny conserva el apetito, pero apenas se mueve y parece tener dolor.
La doctora Paola Cuevas subraya que el cambio de comportamiento es importante. Las úlceras eosinofílicas no suelen ser muy dolorosas por sí solas, así que el abatimiento podría deberse a otra enfermedad. Entre las posibles causas están los problemas dentales, la gingivoestomatitis crónica felina, la reabsorción dental, una infección secundaria o un tumor en la cavidad oral.
Se recomienda llevar al gato al veterinario cuanto antes. Hace falta una exploración completa de la boca; si es necesario, se hará con sedación o anestesia. Si la úlcera tiene un aspecto inusual, es focal, tarda mucho en curarse o no responde al tratamiento anterior, puede ser necesaria una biopsia, ya que distintas enfermedades pueden tener una apariencia parecida.
Es probable que las inyecciones anteriores fueran corticoides. Suelen ayudar con las lesiones eosinofílicas, pero el uso repetido o prolongado en un animal mayor requiere sopesar cuidadosamente los beneficios y los riesgos. Además, hay que buscar los factores que mantienen la inflamación: proteger al gato estrictamente contra las pulgas y, si procede, seguir una dieta de eliminación controlada.
La idea central de la veterinaria es que la úlcera es más bien «humo» que causa del incendio. Tratar la lesión puede aliviar al gato temporalmente, pero para reducir el riesgo de que vuelva hay que encontrar el origen de la inflamación. Un suplemento no sustituye a una revisión. Para Sonny son razonables un chequeo geriátrico, una exploración de la boca, los análisis de sangre que correspondan y valorar radiografías dentales o una biopsia.
Que conserve el apetito es una buena señal, pero no descarta que tenga dolor. Los gatos suelen ocultar que se encuentran mal, así que un silencio inusual, el aislamiento y pasar el tiempo tumbado requieren atención por parte del dueño y una consulta veterinaria.