
Aleksandr Chikin, experto en control de insectos, explicó que vencer de verdad a las hormigas en una casa de campo requiere un enfoque sistemático, no un único ataque heroico. Según él, lo primero es eliminar todo aquello que las atrae a la vivienda y sus alrededores. No aparecen porque sí: si dejas comida sin recoger, prepárate para recibir visitas con antenas.
Chikin aconseja empezar por limpiar la casa. Todos los alimentos deben guardarse en recipientes herméticos; de lo contrario, su olor se extenderá enseguida por los alrededores e invitará a todos los insectos vecinos a darse un festín. Hay que sacar la basura sin demora y no dejar migas ni restos de comida sobre las superficies. En la parcela conviene mantener limpio el suelo: los residuos orgánicos deben retirarse de inmediato y hay que vigilar la humedad alrededor de la casa y en el huerto.
Para una auténtica guerra contra la colonia, el experto recomienda cebos de acción retardada: las hormigas obreras los llevan al nido y allí muere toda la colonia, incluida la reina. Según Chikin, los aerosoles son como echar desodorante al problema: el efecto es superficial; cuando se disipa, las hormigas vuelven.
También hay métodos de barrera: tratar los zócalos, las zonas de entrada y los umbrales con productos especiales, como si levantáramos un muro químico de Berlín para frenar a los invasores. Según Chikin, los remedios caseros —vinagre y aceites esenciales de olor intenso— solo sirven como excusa provisional. El olor se va y el ejército vuelve a estar en formación.
¿Creías que habías acabado con ellas, pero han vuelto? Probablemente solo le has rascado la trompa a la colonia: la reina, todo el cuartel general y las reservas siguen intactos. Si la infestación es extensa, sobre todo en bloques de viviendas, el experto aconseja no jugar a Sherlock Holmes y llamar a profesionales.
Sí, las hormigas no transmiten la peste, pero encontrárselas no resulta más agradable por eso. Lo fundamental para combatirlas es eliminar las causas de su aparición, y aplicar medidas bien pensadas y sistemáticas. Solo así podrás despedirte durante mucho tiempo de tus vecinas habituales, tanto en la casa de campo como en el piso.
Imagina al típico propietario de una casa de campo: espanta las hormigas con un trapo, rocía alegremente el perímetro con vinagre y, mientras tanto, la reina se frota las patas en las profundidades del nido y aprieta a las larvas. El experto propone una idea sorprendente: la causa de la invasión no es la «mala suerte», sino tu pereza. No limpiaste la mesa, dejaste un recipiente abierto, te dio pereza sacar el cubo. Limpiar y bloquear el paso: esas son las herramientas de resistencia.
Después recomienda una trampa: no una golosina muerta de risa, sino un cebo de efecto retardado, para que las propias obreras lleven el veneno al interior y acabe con toda la familia. Los aerosoles, tan queridos por los perezosos, son como un remedio para el dolor de cabeza del día siguiente: ves basura y la sacas; se te olvida y prepárate para reencontrarte con las viejas conocidas la semana que viene. Los remedios caseros son un intento ridículo de engañar a la naturaleza, con un efecto parecido al de una compresa sobre un golpe: duele menos, pero el problema sigue ahí.
También se critica el enfoque mágico: si las hormigas han vuelto, enhorabuena, has criado una nueva colonia. Llamar a profesionales no es una señal de rendición, sino la última esperanza para quien decidió que «así ya vale». En resumen: las hormigas arruinan la comodidad, pero no la vida, así que bájate de la corona y coge el trapo: te irá mejor.