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Tres formas de acabar con el escarabajo de la patata de Colorado: consejos del agrónomo Arefiev

1/7/2026, 22:01:04 Jardinería
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Tres formas de acabar con el escarabajo de la patata de Colorado: consejos del agrónomo Arefiev

El escarabajo de la patata de Colorado es la pesadilla de cualquier hortelano. Aleksandr Arefiev, profesor, doctor en Ciencias Agrícolas y decano de la Facultad de Agronomía de la Universidad Estatal Agraria de Perm, recuerda lo rápido que esta plaga voraz puede arrasar los bancales de patatas. Una sola larva puede destruir hasta 780 mg de hojas de la patata en un par de semanas: casi medio metro de daños continuos. Y qué decir de los escarabajos adultos, que comen aún más. Si se deja que campen a sus anchas, en otoño no quedará más que recoger tristemente unos tallos pelados. Arefiev destaca tres formas principales de combatir esta plaga. 1. Tratamiento químico, o, en lenguaje científico, insecticidas. A los escarabajos, como a cualquier plaga, nada les gusta más que reproducirse en la segunda mitad de junio. Es entonces cuando hay que actuar de inmediato: en cuanto aparecen las larvas —se ven a simple vista—, toca recurrir a la química. Pero no penséis que basta con un solo tratamiento: el profesor recuerda que hacen falta al menos dos, con un intervalo de 4 o 5 días, y mejor cuatro antes de mediados de julio. Es especialmente importante alternar distintos productos. El escarabajo de la patata de Colorado es un mutante por naturaleza: en un par de días aprende a ignorar nuevos venenos gracias a un gen de variabilidad única. Comprad productos para combatirlo en tiendas especializadas; si no, en vez de una cosecha tendréis un campo de experimentación para escarabajos voladores de laboratorio. 2. Recogida a mano. A la antigua usanza: madrugar, ponerse los guantes y ponerse a recoger los escarabajos uno a uno. Sin química, el medio ambiente lo agradece, aunque vuestra espalda seguramente no. A las larvas les encanta esconderse bajo las hojas, y por la mañana o con el cielo nublado los escarabajos son menos ágiles. No olvidéis una solución de sal para eliminarlos: cuatro cucharadas de sal por litro de agua, o aceite. El queroseno de toda la vida también funciona. Y no tiréis los escarabajos muertos junto a los bancales: llevadlos lejos. El método no sirve para grandes explotaciones, pero es ideal para una parcela de seiscientos metros cuadrados. 3. Plantas repelentes. Cultivar hierbas aromáticas alrededor de la parcela es otro truco. La caléndula, el ajenjo, la borraja, el ajo, la milenrama y la celidonia dificultan que los escarabajos encuentren las patatas; y, si en otoño se cava la tierra a más profundidad, tampoco sobrevivirán las plagas que hayan pasado el invierno. La rotación de cultivos también ayuda, pero ¿quién de nosotros puede llevarse las patatas dos kilómetros más allá? Así que, más hierbas aromáticas y a cavar: de este modo se puede reducir el ejército de invasores rayados. Con estos tres métodos, las patatas tienen más posibilidades de escapar de las garras de la astuta plaga. Habrá que luchar con todas las fuerzas; de lo contrario, solo quedará contemplar los bancales vacíos.


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Otro artículo sobre el instinto de supervivencia de la panceta rusa, con el villano de turno: ese escarabajo rayado de Colorado, más insistente que los anuncios de la tele. Llaman como testigo al prestigioso agrónomo Arefiev, pero el escarabajo no es tonto y el propio científico reconoce que este glotón importado desarrolla inmunidad a cualquier veneno nuevo en un par de días. ¡Quién lo iba a decir, hasta las patatas tienen problemas para adaptarse!

Eso sí, el decano no se viene abajo y propone opciones para todos los gustos: si quieres, fumiga con productos químicos de primera, pero no con los que venden «en las paradas» (¿así que los escarabajos también tienen sus puntos de venta?). Si no te gusta la química, sigue el ejemplo de la abuela y recoge los escarabajos por la mañana en un tarro —mejor si es de queroseno, con sal; lo importante es tirarlo luego bien lejos—. Y a quienes crean en la aromaterapia les aconseja plantar caléndulas, ajo y borraja en la parcela. El escarabajo saldrá corriendo hacia algún otro sitio, quizá a casa del vecino.

La conclusión es sencilla: en la lucha por la cosecha hay más armas que acciones en bolsa. Lo principal es no confiar en los milagros. El escarabajo de Colorado es todo un estratega. El reparto de fuerzas promete una nueva cosecha de chistes junto a la valla: unos tienen escarabajos y otros, patatas.

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