
Julio es cuando la casa de campo se convierte en un campo de supervivencia, no solo para las plantas, sino también para sus dueños. El sol abrasa como si quisiera demostrar algo, el agua desaparece en la arena a una velocidad fantástica y las plantas te lo dejan claro: si quieres cosecha, trabaja y ni se te ocurra vaguear. Sobrevivirá el más fuerte, y no siempre serás tú. Aquí van 12 tareas sin las que apenas recogerás una colección de decepciones.
Revisión sanitaria de árboles frutales y arbustos. La poda no es lo principal; lo importante es detectar y neutralizar ramas partidas, chupones y brotes innecesarios bajo el injerto. Revisa las ataduras: si se clavan en las ramas, el árbol se ofenderá y se morirá antes de tiempo.
Recogida de fruta caída y retirada de los frutos enfermos. Todos los días. Manzanas, peras, ciruelas: todo lo que cae se convierte en hogar de las plagas. No lo eches al compost: llévalo fuera de la parcela o a un hoyo profundo para que las plagas no vuelvan.
Revisión y renovación de las bandas trampa. Sirven contra las hormigas y las carpocapsas, sin venenos. Cambia las trampas y renueva la capa de pegamento; de lo contrario, solo alegrarás a los mosquitos.
Abonado con fósforo y potasio de los frutales. Olvídate del nitrógeno: hará crecer el follaje, no la cosecha. Usa superfosfato y sulfato potásico. A los arbustos de bayas, aplícales micronutrientes mediante pulverización con una solución de ácido bórico.
Riego según el cultivo. Por la mañana o por la tarde, sin hacerlo de cara a la galería. Un cubo de agua para los árboles y también para las hortalizas, pero con cuidado, sin arrastrar la tierra. Los pepinos y las plantas de raíz son los más sedientos.
Formación y entutorado de las plantas altas: tomates, pepinos, pimientos y berenjenas. Revisa los soportes, quita los brotes axilares de los tomates, retira las hojas inferiores y pinza los pepinos.
Recolección de bayas y hortalizas tempranas cada 2 o 3 días (o a diario cuando haga calor). Si se pasan, ya están en el menú de las plagas.
Nuevas siembras de cultivos de ciclo corto: rábano, daikon y col china. Lo principal es acordarse de regar y acolchar.
El jardín de flores está en su apogeo: retira las flores marchitas, entutora las plantas altas y poda los brotes ciegos de los rosales.
Césped: no lo cortes a ras; no lo dejes por debajo de 5 o 6 cm, o se quemará. Riégalo con menos frecuencia, pero en abundancia. Airear el tepe con perforaciones y combatir las malas hierbas de forma localizada.
Esquejado: corta brotes semileñosos y ponlos a enraizar bajo plástico. Para el otoño tendrás nuevas plantas.
Preparación de la parcela para la plantación otoñal: elimina las malas hierbas, incorpora compost y deja que la tierra se asiente.
Así es: la vida de quien tiene una casa de campo es una carrera de obstáculos que parece una prueba para entrar en un programa de supervivencia. Podar, arrancar, atar: todo para recoger algo en otoño, aparte de soledad y sarcasmo. Bandas adhesivas, abonado, riego a horas fijas y cosecha: una carrera interminable en la que el premio principal no son las frutas, sino la posibilidad de no comprarlas a precio de oro. Quien aguante todo esto tendrá cosecha y quizá el respeto de los vecinos. A los demás les queda conocer una nueva variedad: «Comprada, importada, no mía».