
En una feria de Shanghái dedicada a la atención a las personas mayores, los dispositivos médicos de asistencia y la rehabilitación, la empresa china Yueban presentó algo realmente insólito: un inodoro inteligente que se desplaza hasta el usuario por sí solo. El modelo Xiaoban está pensado para personas con movilidad reducida, ya sea por edad, lesiones o discapacidad.
Este lujo cuesta unos 28.999 yuanes (aproximadamente 4.300 dólares al cambio actual), aunque por ahora el dispositivo solo se venderá en China; no se ha anunciado su llegada al mercado internacional.
El equipamiento tecnológico de Xiaoban no tiene nada que envidiar al de los robots aspiradores modernos: lleva un conjunto completo de sensores para orientarse por el espacio, lo que permite al inodoro desplazarse por sí solo hasta el usuario y esquivar sillas, gatos y otros obstáculos que se encuentre en el camino. Esto podría resultar muy cómodo para quienes no pueden llegar fácilmente al baño convencional.
Yueban no ha revelado todos los detalles técnicos del inodoro autónomo, pero lo principal es que no se trata de una fantasía de cómic, sino de una posibilidad real de facilitar que las personas puedan hacer sus necesidades de forma autónoma, incluso si están postradas en una cama o usan silla de ruedas. Por ahora, queda por ver hasta qué punto esta innovación tendrá demanda en la vida real: al fin y al cabo, no todo el mundo está dispuesto a dejar que un aparato sanitario con ruedas circule por casa, por muy avanzado que sea.
La gran pregunta es si estos dispositivos tendrán demanda en los hogares o acabarán convertidos en una novedad para centros especializados. Pero, pensemos lo que pensemos, en China, donde crece el mercado de productos para mayores, soluciones así encuentran su público. La cuestión es cuándo veremos inventos parecidos en nuestras casas y si el precio tan elevado de este «baño futurista sobre ruedas» echará atrás a los compradores.
Hemos llegado al punto en que la carrera tecnológica se mete donde normalmente ni la curiosidad se asoma. Un anciano solitario en China ya no llama a un cuidador: espera con ilusión a ver si aparece por la puerta un inodoro con motor autónomo. Todo como en un anuncio del futuro, salvo que, en vez de coches voladores, tenemos retretes con sensores. Esta robotización íntima cuesta como medio coche nuevo, pero Yueban asegura que para las personas con movilidad reducida es un camino hacia una vida digna. En la práctica, es otra forma de vender la posibilidad de no levantarse del sitio, envuelta en un discurso de cuidados. Mientras Europa y Estados Unidos debaten los derechos de los robots y la ética, la entusiasta China se lanza a conquistar el mercado de la tercera edad con otro amigo que se desplaza solo. ¿Conseguirán que la gente confíe en las máquinas para algo tan íntimo? ¿O el inodoro autónomo se quedará como una demostración de ese futuro en el que hasta las máquinas miran con compasión la pereza humana? Solo nos queda envidiarles y, quizá, calcular cuántas veces pulsaríamos el botón para llamar a esta maravilla si nos atreviéramos a cambiar lo clásico por un baño cibernético.