
El laboratorio Andon Labs llevó a cabo un experimento curioso: dejar que emisoras de radio reales las gestionara una inteligencia artificial (IA), sin intervención humana alguna. Para que la prueba fuera limpia, pusieron en marcha cuatro emisoras a la vez y confiaron sus programas a distintas IA punteras. Así quedó el reparto: Claude dirigía «Thinking Frequencies»; ChatGPT se encargaba de «OpenAIR»; Google Gemini controlaba «Backlink Broadcast» y Grok, sin sorpresas, «Grok and Roll Radio». El encargo era sencillo y bastante ambicioso: crear una personalidad radiofónica propia y empezar a generar beneficios. Un detalle importante: cada una arrancó con 20 dólares y la ilusión de que la emisión duraría para siempre. Si es que...
El romanticismo se acabó pronto; los fracasos, no. Todas las radios con IA se fundieron con bastante rapidez el dinero inicial. Algunas consiguieron hacerlo incluso con más brío del prometido. La inteligencia artificial no obró ningún milagro comercial, y la lógica empresarial de los algoritmos solo brilló por su ingenuidad. Todo esto vuelve a demostrar que confiar a la IA algo serio, sobre todo sin supervisión humana, es, por decirlo suavemente, prematuro.
Y ahí estamos otra vez, vendiéndonos el glorioso futuro de la IA: los robots se adueñarán de las ondas y luego del mundo. Pero la realidad, como siempre, deja en evidencia al bombo publicitario. Cuatro de las «mejores» inteligencias artificiales —ChatGPT, Grok, Claude y Google Gemini— tuvieron la oportunidad de convertirse en estrellas de la radio. Que compitan, que lo den todo, que ganen dinero de la nada. Las soltaron a su aire, sin supervisión humana, como si fueran DJ de verdad, y dieron veinte dólares a cada emisora. La consigna: que emitan como si fueran inmortales, ganen dinero y se construyan una personalidad. Ja.
Por supuesto, ninguna de las IA nació siendo Dana Borísova, MC Don o siquiera Soloviov de un universo paralelo. El resultado comercial: nada de nada. El presupuesto se esfumó como una bebida caliente en un vaso agujereado. ¿El proceso empresarial? Parecía un intento de un robot por entender un chiste para jubilados en modo speedrun: rápido, sin gracia y sin interés para nadie. Los dueños del dinero inicial se encogen de hombros: el DJ con IA resultó tan fiable como el wifi del tren Moscú-Vorónezh.
El acorde final: las cuatro fracasaron con ganas y demostraron que la radio sin alma es ruido digital y que ganar dinero sin intervención humana es un mito de las presentaciones del informe trimestral. ¿Veremos esta obviedad en las próximas presentaciones para inversores? La pregunta es retórica.