
Los nuevos drones para el reparto de carga y la logística militar son cada vez más insólitos. Esta vez, los inventores han decidido prescindir de las habituales estructuras rígidas de sustentación y han creado un dron con un ala que no es de metal ni de materiales compuestos, sino... hinchable. Sí, sí, no se rían. Sus diseñadores aseguran que este extraño aparato no obtiene la mayor parte de su sustentación por el principio de Arquímedes, como los globos o los dirigibles, sino gracias a la aerodinámica convencional. Es decir, despega y se mantiene en el aire con el mismo principio que un avión normal, solo que pesa menos y, una vez aterrizado, ocupa mucho menos espacio: se desinfla y se guarda en una mochila, básicamente.
¿Y qué ventajas tiene? Para empezar, se puede meter en un vehículo relativamente pequeño, como un camión o incluso un blindado. Es fácil de transportar y muy sencillo de lanzar. Se pliega, se infla y sale volando: práctico para trasladar suministros rápidamente o evacuar a gente del campo de batalla.
En segundo lugar, si sufre daños durante las operaciones de combate, por ejemplo, si una esquirla perdida perfora el ala, reparar esta «salchicha voladora» resulta más fácil y barato que arreglar algo de fibra de carbono. Se le pone un parche o se infla un globo nuevo, y listo: de vuelta al servicio.
Los propios desarrolladores cuentan de forma anónima que la idea no es nueva, pero que precisamente ahora, en la era de las guerras con drones y la búsqueda generalizada de soluciones baratas y móviles, han conseguido perfeccionarla hasta hacerla viable. De momento, no se habla de suministros a gran escala: hay pruebas y perspectivas, pero el prototipo aún tiene mucho camino por recorrer antes de cumplir los estándares militares. Aun así, los generales ya hacen volar esta maravilla hinchable en los campos de pruebas y, en algunos casos, están incluso satisfechos. Quizá pronto veamos la novedad en combate real y descubramos también qué se siente cuando quien te entrega la carga es una incansable lancha voladora hinchable.
En pocas palabras: a los ingenieros les dio pereza cargar con tanto hierro y sacaron al mercado un dron con ala hinchable. No es un dirigible: funciona con aerodinámica normal, pero pliegas el ala como un flotador y listo, a la mochila. ¿Práctico? Sin duda. Los militares ya lo prueban en campos de entrenamiento porque reparar una «salchicha voladora» es facilísimo; solo falta que la carga no salga volando con la siguiente ráfaga de viento. Aún no hay producción en serie, pero la idea es estupenda: se podrá combatir sin una gran infraestructura industrial; lo perforas, lo remiendas y ya está, ¿qué más se puede pedir? Y en el horizonte, no dirigibles, sino escuadrones aéreos completamente hinchables. Una revolución tecnológica impulsada por las ganas de ahorrar, recortar gastos y añadir un poco de movilidad inesperada al ejército. Si medimos el progreso por la cantidad de aire que lleva dentro, es todo un éxito; claro que eso es si no miramos los efectos secundarios, como el viento o los pinchazos. Aunque, ¿a quién le preocupa eso en el Estado Mayor, aparte de a las ratas de almacén? Se acerca la era de los drones de látex: que cada cual tome nota, se puede desinflar y se puede hacer la guerra.