
Según fuentes internas, Apple ha decidido recurrir a sus viejos trucos y saltarse un peldaño evolutivo. Al parecer, la compañía no se molestará en lanzar los chips M6 Pro y M6 Max, que lógicamente deberían llegar después del M6 estándar. En su lugar, Apple planea lanzar el M7, como un alumno que se salta el notable y pasa directamente al sobresaliente. La serie de chips Apple Silicon es, en esencia, el gran orgullo de los Mac. Los chips con las denominaciones Pro y Max se instalaban tradicionalmente en portátiles de gama alta, estaciones de trabajo y dispositivos profesionales con componentes de primera: más núcleos, mayor rendimiento y un precio más elevado. Se daba por hecho que, siguiendo el ejemplo de generaciones anteriores, el M6 tendría sus versiones Pro y Max, pero, si hacemos caso a los rumores, los ingenieros de Apple han decidido cortar por lo sano y saltar directamente al M7. ¿Qué significa esto para el mercado? Al parecer, Apple no quiere gastar recursos en soluciones intermedias. Puede que el M7 sea tan revolucionario que la gama anterior se extinga como los mamuts. O quizá la compañía no quiera mostrar los M6 Pro y Max porque esos procesadores no cumplen sus expectativas internas de rendimiento. En los comunicados oficiales, silencio absoluto. A Apple le encantan las sorpresas y, por lo visto, esta vez quiere asombrar especialmente a inversores y usuarios. En fin, no queda más que esperar a que los nervios de acero de los fans de la compañía se conviertan en titanio: quizá el próximo hito en la historia del Mac esté ya a la vuelta de la esquina. Si se confirma el rumor, una nueva etapa en la «carrera de los procesadores» podría empezar este mismo año o a principios del próximo.
Apple vuelve a echar leña al fuego de su peculiar secuencia: ha decidido que los M6 Pro y M6 Max son los hijos sobrantes de la familia y que no merece la pena gastar dinero ni recursos de marketing en ellos. Apunta directamente al M7, como si siguiera un plan de un universo alternativo en el que menos es más y todo sirve para aumentar la sorpresa, el revuelo y, por supuesto, la cotización de las acciones.
Toda esta lógica de Apple es más antigua que la propia empresa: si los inversores empiezan a sospechar algo, toca sacar del cajón un nuevo truco tecnológico. Los M6 Pro y Max desaparecen de repente del futuro de los Mac de gama alta y las estaciones de trabajo, pero quizá veamos algo tan brillante y moderno que el dinero gastado ya no importe. Por otro lado, si Apple simplemente no ha conseguido sacar nada decente de los M6 Pro y Max, puede olvidarse tranquilamente de todo lo «obsoleto» y saltar al M7: los fans se lo tragarán igual.
En resumen: se ordena al mercado que se inquiete, especule, espere otra ronda de presentaciones y esté preparado para oír hablar de «cotas de rendimiento nunca vistas». Y quienes esperaban continuidad o respeto por los esquemas habituales, que vayan entrenando la memoria: pronto tocará confundirse con el número del modelo, y no solo con la cantidad de pasta térmica bajo la tapa del procesador.