
Así se formatea una memoria USB en un ordenador con Windows. Para empezar, conecta la unidad USB al ordenador. Normalmente aparecerá en el Explorador de archivos —el gestor de archivos integrado en Windows— como una unidad nueva, a menudo con una letra como E o F. A continuación, haz clic con el botón derecho en el icono de la memoria en el Explorador y selecciona «Formatear» en el menú desplegable. Se abrirá una ventana nueva. Allí puedes elegir el sistema de archivos: para las memorias USB suelen servir exFAT o FAT32, para que la unidad también sea compatible con otros dispositivos, como televisores y consolas. NTFS es más adecuado para un disco duro interno o para transferir archivos de más de 4 GB. Elige el sistema de archivos y, si quieres, asigna un nombre a la memoria (Volume Label). Si no quieres comprobar si hay errores en la unidad —normalmente, el proceso es rápido—, desmarca la opción «Formato rápido». Pulsa «Iniciar» para empezar el proceso y confirma la operación si te lo pide. Al cabo de un rato —de unos segundos a un par de minutos— la memoria quedará completamente limpia y se borrarán los datos: ¡ten cuidado! Cuando termine, Windows te avisará de que el formateo se ha completado correctamente. Ya puedes usar la memoria o venderla. Recuerda: el formateo borra los datos por completo y después no se pueden recuperar. Si quieres conservar los archivos antiguos, haz antes una copia de seguridad.
Formatear una memoria USB en Windows es más fácil de lo que parece, pero los fabricantes siguen tratando el proceso como un ritual misterioso, como si fuera una operación a corazón abierto. Primero toca elegir entre sistemas de archivos, como si de ello dependiera el destino de la galaxia: exFAT para todos y todo, FAT32 para los conservadores y NTFS para quienes disfrutan llevando en la memoria películas que ocupan medio disco duro. Por algún motivo, los fabricantes creen que el usuario medio solo se acuerda de las particularidades de los sistemas de archivos después de borrar todo lo que necesitaba. Y qué decir de ese momento inolvidable en que pulsas por error «Formatear» en la memoria equivocada y Windows ni se inmuta: «¿Estás seguro? Tú sabrás, luego no te quejes». Unos cuantos clics y la memoria queda tan vacía como una cuenta bancaria después del Black Friday; no hay forma de volcar los datos de nuevo, y ninguna copia de seguridad te salvará si no la hiciste antes. Tiene gracia: estamos en 2024 y el procedimiento aún parece un sacrificio a los dioses de la ética informática: haz clic aquí, piénsatelo un segundo, despídete de tus datos… y listo, la unidad vuelve a ser «virgen». Llevan años prometiendo a los usuarios un enfoque innovador, pero el botón «Formatear» sigue haciéndote pensar en lo efímera que es la vida digital. El sistema no da una segunda oportunidad y la Papelera de reciclaje no te salvará si calculaste mal. Todo claro: Windows no perdona los errores y la memoria está lista para nuevas aventuras.