
Un nuevo estudio publicado en la revista Dreaming propone considerar los sueños humanos como un complejo espacio de simulación en el que el cerebro ensaya desafíos sociales. Sus autores sostienen que aquello que nos mueve durante el día —el deseo de conservar nuestra reputación, protegernos o cuidar de nuestros seres queridos— no desaparece cuando nos dormimos. Al contrario, esas motivaciones profundas siguen dando forma a nuestras visiones nocturnas. Según los datos, los sueños no son un conjunto caótico de imágenes, sino un «entrenamiento» con sentido, guiado por las mismas necesidades que han ayudado a los seres humanos a sobrevivir durante generaciones.
Hasta ahora, los estudios sobre el sueño solían centrarse en temas concretos. Algunos investigadores veían los sueños como un entrenamiento ante el peligro físico; otros, como una forma de procesar emocionalmente lo vivido; y otros, como un modo de organizar la memoria. Los autores del nuevo estudio quisieron comprobar si los sueños reflejan un espectro más amplio de necesidades humanas.
Para ello utilizaron el modelo de los motivos sociales fundamentales, un enfoque según el cual el comportamiento humano está determinado por objetivos de supervivencia y reproducción. Incluye cuestiones como elegir pareja, mantener las relaciones, proteger a la familia, evitar enfermedades y conservar el estatus social. Si los sueños ayudan realmente a las personas a adaptarse, deberían reflejar precisamente esos objetivos clave.
El autor del estudio, Frederick Thomas, profesor adjunto de Psicología en la Coker University, explica que lleva mucho tiempo interesándose por lo que los sueños pueden revelar sobre el comportamiento humano. Según él, el modelo de motivación social ofrece una herramienta potente para el análisis: permite entender qué aspiraciones humanas básicas «se filtran» en los sueños.
Para el estudio, los investigadores reunieron 397 relatos de sueños de 315 personas de entre 18 y 64 años. La muestra incluía estudiantes y residentes de la comunidad local. La mayoría de los participantes se identificaba como European American; el resto, como African American, Latinx u otros grupos.
Se pidió a los participantes que describieran su sueño más reciente, para que los detalles se conservaran con mayor precisión. Después, dos expertos independientes analizaron cada relato mediante la escala Dream Motives Rating Scale. Esta permite identificar siete motivos sociales: autoprotección, estatus, pertenencia social, cuidado de la familia, prevención de enfermedades y dos motivos románticos: buscar pareja y mantener la relación.
Cada motivo se puntuó de 0 a 3. Cero significaba que el motivo estaba ausente; tres, que era central. En caso de discrepancia, intervenía un tercer experto. Así, los investigadores lograron uniformidad en el análisis de los 397 relatos.
Los resultados mostraron que los sueños casi siempre incluyen varios motivos a la vez. Los más frecuentes fueron la autoprotección y el estatus. Los sueños con persecuciones o amenazas de una expareja apuntaban al motivo de autoprotección. Los sueños sobre suspender un examen o tener un entrenador estricto apuntaban al estatus. Es decir, incluso mientras dormimos, el cerebro sigue trabajando en cuestiones de supervivencia y posición social.
Los motivos de cuidado de la familia y pertenencia al grupo aparecieron con una frecuencia moderada. Los motivos románticos relacionados con mantener una relación fueron más frecuentes que los de buscar una nueva pareja. Esto confirma que, para los adultos, mantener los vínculos existentes es una tarea constante.
La prevención de enfermedades fue el motivo menos frecuente, aunque aun así destacó. Por lo general, esos sueños iban acompañados del miedo al contagio o de una amenaza para algún familiar.
Resulta interesante que apenas hubiera diferencias entre los sueños de hombres y mujeres: en ambos casos, giraban sobre todo en torno al estatus y la autoprotección. Los autores consideran que esto apunta a unos orígenes evolutivos comunes.
Otro hallazgo importante es que los motivos forman «conjuntos» durante el sueño. Así, los temas de supervivencia y cuidado de la familia aparecían a menudo juntos, mientras que los motivos sociales y románticos formaban otro grupo. Esto sugiere que los sueños pueden organizar los desafíos sociales en combinaciones con sentido.
Todo ello refuerza la postura de los investigadores: los sueños son un «espacio de simulación con múltiples motivos». El cerebro aprovecha el sueño para ensayar comportamientos en varias dimensiones sociales a la vez. Estos ensayos nocturnos podrían ayudarnos en las interacciones reales.
Thomas subraya que los sueños son más importantes de lo que se suele pensar. Según él, conectan nuestros deseos y motivaciones ocultos con la forma en que nos desenvolvemos en sociedad.
El estudio tiene sus limitaciones. Depende de la capacidad de las personas para recordar y describir sus sueños, algo que no todo el mundo consigue. El análisis de los expertos también contiene inevitablemente cierto grado de subjetividad; por eso se recurrió a varios codificadores. Los autores precisan además que no tuvieron en cuenta factores como la edad, la condición de progenitor o el historial de relaciones, que podrían influir en los motivos románticos y familiares.
En el futuro, los investigadores planean incorporar esos datos y realizar estudios longitudinales para seguir los cambios en las motivaciones de las personas a lo largo de la vida.
El estudio “Dreams and Fundamental Social Motives: Evidence From 397 Narratives” es obra de Frederick Thomas, Katelynn Andrews y Christien Leavitt.
El estudio sobre los sueños viene envuelto en forma de revelación científica. Sus autores sostienen que por la noche el cerebro trabaja en nuestros desafíos sociales, como un alumno al que le han mandado deberes de más. La expresión «espacio de simulación con múltiples motivos» suena a intento de darle un brillo nuevo a una idea antigua, pero funciona.
Casi cuatrocientos sueños se han convertido en estadísticas de miedos, preocupaciones y esfuerzos por mantener nuestro lugar en la sociedad. El estatus y la autoprotección encabezan la lista, como si viviéramos en una entrevista de trabajo permanente o huyéramos de un futuro incierto más. Entretanto, también están el cuidado de los seres queridos y los líos románticos, lo que confirma que la edad adulta no es un proyecto en pausa, sino un proceso de fondo.
Los autores reconocen con cautela la subjetividad del análisis. Desde luego, interpretar sueños es delicado, y ni siquiera tres expertos garantizan siempre la objetividad. Pero agrupar los motivos parece un intento cuidadoso de poner orden en el caos del cerebro humano.
Al final llegamos a una vieja conclusión desde un ángulo nuevo: los sueños son un ensayo de futuras escenas sociales. Al cerebro no le gusta estar ocioso y aprovecha la noche para repasar la lección. Nada de misticismo: solo el trabajo rutinario del sistema nervioso, que finge estar descansando.