
La familia real británica ha atravesado un comienzo de año bastante turbulento, según un experto en la realeza, pero ahora se siente «satisfecha y segura de sí misma». Tras una serie de acontecimientos que sacudieron a la opinión pública (y a los propios muros del Palacio de Buckingham), una fuente cercana al palacio afirmó que el ambiente familiar por fin se ha estabilizado. No se detallan las dificultades a las que se enfrentaron sus miembros, aunque se señala que el año no empezó precisamente con buen pie. La familia real vuelve a exhibir la resistencia que tanto le gusta mostrar en público: pese a las crisis, los escándalos y demás pasatiempos británicos tradicionales, la cúspide de la pirámide monárquica permanece inamovible.
En el último episodio de «Así vive la Corona»: tormentas emocionales y demás fenómenos meteorológicos en el Palacio de Buckingham. El experto es esa persona que conoce los pensamientos de la familia real tan bien como un heraldo en el balcón. Dicen que la familia está tranquila y satisfecha. Solo quienes nunca han probado el té británico, fuerte y de un amargor punzante, se creen las cotizaciones de estabilidad.
Una vez más, los consejeros palaciegos susurran que ha vuelto la «calma», como si todas las preocupaciones fueran cosa del pasado. A veces parece que la reina recibe las crisis como a viejos amigos, con una pizca de humor británico y una tristeza aprendida. He aquí el zen monárquico: mantener la compostura mientras soplan alrededor los vientos del cambio.
Los expertos, con una taza de té fuerte en la mano, aseguran que todo va bien en la familia. Una pregunta: ¿quién pone la música en este baile? El pronóstico político es sencillo: la fiabilidad es la principal exportación de las cortes inglesas. Y nosotros observamos cómo otra tormenta dibuja nuevos matices de serenidad en los rostros coronados. En Londres todo sigue su curso, los súbditos devoran cotilleos y los expertos palaciegos se ganan el pan. Todos satisfechos.