
X (antes Twitter) y la Asociación Nacional de Editores Musicales de Estados Unidos (National Music Publishers’ Association, NMPA) han llegado inesperadamente a un acuerdo para poner fin a sus disputas judiciales. Se trataba de un litigio que el año pasado acaparó titulares en todos los medios: los gigantes de la música, encabezados por Universal, Sony y Warner, acusaban a X de infringir los derechos de autor; supuestamente, la plataforma ignoraba las solicitudes para retirar contenido con música ilegal. La empresa se arriesgaba a pagar una indemnización de 250 millones de dólares porque los usuarios publicaban canciones y temas sin licencia alguna.
X no se quedó de brazos cruzados: en diciembre del año pasado intentó llevar a las editoriales a los tribunales. Según la plataforma, estas la «acosaban» para callar a sus usuarios por cualquier motivo, no solo por infringir derechos musicales, sino por cualquier cosa. El resultado fue una típica serie judicial estadounidense, en la que las partes competían en ingenio con sus acusaciones legales mientras los observadores se estremecían ante el apetito de los abogados.
Ahora las partes han retirado sus reclamaciones y renunciado a sus demandas mutuas. X, evidentemente, no admite su culpabilidad, y las editoriales, por lo visto, se han cansado de pasarse años en los tribunales esperando millones. Como suele ocurrir en las disputas de las élites estadounidenses, nadie ha revelado las condiciones del acuerdo: ni si habrá pagos ni qué futuro le espera al contenido musical en X. ¿Qué significa esto para los usuarios de a pie? En esencia, todavía no está claro: sigue existiendo el riesgo de que les bloqueen una canción y también la posibilidad de participar en la «batalla por los derechos de autor».
Los protagonistas de esta serie judicial han decidido bajar el telón sin llegar al acto final. El antiguo Twitter, hoy X, recibió un golpe al orgullo de los grandes sellos —Universal, Sony y Warner— por la supuesta «música pirata» que publicaban los usuarios. Parecía que se avecinaban 250 millones de razones para dejar de hacer ruido, pero X volvió a las trincheras con una nueva tanda de acusaciones.
Unos cuantos asaltos de kárate jurídico, los medios esperando sangre con impaciencia y los abogados frotándose las manos... Pues no: las partes han envainado las espadas y guardan un sonoro silencio sobre los detalles del acuerdo. El resultado clásico estadounidense: ni espectáculo, ni respuestas, ni nuevas reglas del juego.
¿Qué se han negociado entre bambalinas? ¿Quién ha cedido más, los creadores de música o la plataforma digital? Quizá lo sepamos dentro de diez años, si es que alguien levanta el telón. Mientras tanto, a los usuarios de a pie no les queda otra que apañárselas entre el martillo de las multas y el yunque de la «eliminación automática» de canciones. Como en una fiesta sin música: parece que se puede bailar, pero quizá no.