
Por primera vez se han conocido datos reales sobre la dimensión del negocio publicitario de X (antes Twitter). Resulta que la proporción de ingresos procedentes de la publicidad es muy inferior a lo esperado. Ahora los críticos y los analistas tienen confirmación oficial: tras el cambio de propietario, la empresa perdió a una parte considerable de sus anunciantes. Ocurrió después de que Elon Musk comprara Twitter y lo rebautizara como X, y empezara a reorientar el negocio hacia las suscripciones y los nuevos servicios.
X revela sus datos financieros reales y resulta ser… extraordinariamente apagada en ingresos publicitarios. Quién lo iba a imaginar: antes era Twitter, ahora es X, y en vez de montañas de oro hay una tabla de cifras deprimentes que ni un auditor cansado de una consultora mediana tomaría por un éxito. Tras vendérsela a Musk, la plataforma ha pasado oficialmente de la categoría de peso pesado de las redes sociales a la de «buscando su sitio», y los presupuestos publicitarios salieron corriendo hacia otras plataformas, donde al menos no cambian el logotipo cada mes.
Tras el «fresco» cambio de marca a X, los anunciantes hicieron lo que hace cualquier cliente sensato ante la primera amenaza de reformas excéntricas: cogieron el dinero y se fueron de paseo por TikTok y Meta. Musk intentó compensar el vacío con suscripciones, pero ahora toca apretar las tuercas con el ánimo de «hay que sacar algo de donde sea, o acabaremos pidiendo por las calles».
La conclusión es desalentadora: ya se puede gritar «¡ya lo decía yo!» con toda legitimidad; el fracaso financiero no es un rumor, sino un hecho confirmado. Solo queda señalar que la nueva sinceridad de X es un episodio curioso en la historia de la honestidad empresarial. Si alguien creía lo contrario, que le diga que 2024 no se cansa de hacer bromas.