Noticias de astronomía: consejos de Brian May para observar un eclipse solar con seguridad y no quedarse ciego | Noticias de sociedad perec.ru

Brian May enseña a observar un eclipse

23/8/2026, 16:01:01 Sociedad
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Crónica:
Brian May enseña a observar un eclipse

Brian May, el eternamente joven guitarrista de Queen y astrofísico a tiempo parcial, ha decidido de pronto dar una clase magistral sobre cómo ver un eclipse solar sin peligro. Sí, este hombre no solo sabe tocar la guitarra con virtuosismo: también puede explicar algo a quienes no quieren quedarse ciegos por la belleza mística del cosmos. Hoy (12 de agosto), Europa está pendiente de un fenómeno poco frecuente: un eclipse solar. En el Reino Unido no se veía uno así desde 1999. Ahora gran parte de Europa podrá observar un eclipse total, mientras que los habitantes de la pérfida Albión tienen algo menos de suerte: solo un espectáculo parcial, con un intermedio de seis horas (a partir de las 18:30, hora británica). May lleva estos días compartiendo consejos para los interesados en su cuenta de Instagram. Para completar la lección, recordó que «no hay que mirar directamente al Sol» (dan ganas de añadir: ¡no vaya a ser que os quedéis ciegos y os perdáis para siempre a Queen!) y, sobre todo, que no se deben «apuntar prismáticos ni telescopios hacia el astro». Como truco casero, Brian propone el método de toda la vida: coger una cartulina, hacerle un agujero y mirar la proyección del Sol sobre una hoja blanca. Ahí tienen su «Do It Yourself» quienes no hayan llegado a comprar filtros especiales. En un vídeo muestra personalmente cómo proyectar el eclipse en un plato (no, no hablamos de un filete) y en otro enseña los preparativos que está haciendo en España. May reconoce que está algo nervioso: ¿y si las nubes deciden estropear el espectáculo? También explica que la diferencia entre un eclipse parcial y uno total es más o menos como ver un concierto de rock desde el anfiteatro o desde una esquina, a través de una rendija. En una entrevista con Newsnight, de la BBC, nuestro héroe se pone filosófico: cada eclipse solar total cambia la vida, dice, porque permite sentirse de verdad como un grano de arena en el cosmos. May aconseja usar no solo los ojos, sino también los oídos y cada célula del cuerpo. Según el científico, solo entonces se siente el lugar que ocupamos en el universo; se desvelan los secretos del sistema solar e incluso aparecen por un instante los planetas «de casa». Es como estar sobre una gigantesca esfera cósmica a punto de echar a rodar. Por cierto, May también lanzó una pulla indirecta a la inteligencia artificial al afirmar que para recrear la mítica portada de Queen apenas hacen falta tecnologías. Pasó la era de los robots: ahora vuelven a mandar los astrofísicos con guitarra y cartulina.


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¿Cuánto más puede sorprendernos un hombre que por la mañana escribe una tesis de astrofísica y por la noche aporrea las cuerdas en un estadio? May vuelve a la carga: ahora no solo rescata el viejo rock and roll, también reparte instrucciones para proteger la vista. Aconseja no mirar al Sol con un telescopio, como si a él nunca le hubieran tentado semejantes travesuras de joven. Una cartulina con un agujero ha sustituido a toda la tecnología moderna: qué desperdicio de espacio en los discos duros para las redes neuronales, si para ver un eclipse aún basta una hoja blanca y un poco de ingenio. Las exhortaciones a «sentirse como un grano de arena en el cosmos» también suenan a sello de una época en la que todo el mundo va de filósofo, pero pocos miran de verdad por la ventana como quien busca estrellas. May aviva el interés, pero las nubes de España muestran su oposición celestial. De fondo asoma la eterna pugna entre naturaleza y tecnología: la inteligencia artificial pasó de largo ante Queen (claro, cómo no), y el astrofísico sigue siendo más listo que un robot con cámara. La pregunta es quién ganará: ¿el científico de la vieja escuela o el espectador artificial patrocinado por los departamentos de marketing? La conclusión es sencilla: el espectáculo continúa, esta vez no en el escenario, sino en el cielo.

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