
La pickup eléctrica Slate no solo carece de sistema multimedia. La versión básica no tiene radio, altavoces ni elevalunas eléctricos, y la carrocería no está pintada: en su lugar se utiliza un revestimiento de vinilo. Aun así, el vehículo recibe actualizaciones de software «por aire» (OTA): para ello utiliza el smartphone conectado a él.
El minimalismo de Slate Auto no es solo una idea de diseño, sino la base del modelo de negocio de la empresa. Al eliminar todo lo que no está directamente relacionado con la conducción y la seguridad, el fabricante espera mantener el precio de partida por debajo de los 25.000 dólares. Eso sí, las comodidades que faltan se pueden comprar aparte: la empresa ofrece altavoces, un soporte para iPad, un kit para convertir la pickup en un todoterreno de cinco plazas y un módulo telemático que permite abrir las puertas desde una aplicación. Si se elige todo, el precio del vehículo modular totalmente equipado puede superar los 45.000 dólares.
La autonomía del vehículo eléctrico se estima en unos 205 millas, alrededor de 330 kilómetros. La carga útil máxima es de 1.550 libras (unos 703 kilogramos), y el peso máximo remolcable, de 2.000 libras (unos 907 kilogramos). Slate está pensado más para trayectos cortos, transportar carga y las tareas cotidianas que para viajes largos. Por eso no es del todo correcto compararlo directamente con otras pickups eléctricas. La empresa apuesta por compradores que buscan un vehículo más asequible y están dispuestos a renunciar a algunas comodidades.
Normalmente, las actualizaciones OTA se descargan a través de la red móvil o de una conexión Wi-Fi. Slate no tiene conexión celular integrada, así que el fabricante ha ideado una solución alternativa. Cuando hay una actualización disponible, la aplicación de Slate descarga el archivo en el smartphone. Después hay que conectar el teléfono al puerto USB del salpicadero. La transferencia del archivo tarda alrededor de un minuto; a continuación, el vehículo instala la actualización por su cuenta, un proceso que puede durar unos 45 minutos.
Según la empresa, las actualizaciones incluirán correcciones de errores y pequeñas mejoras. No hay que esperar grandes funciones nuevas tras instalarlas. La aplicación también muestra la autonomía, ayuda a encontrar estaciones de carga y envía la ruta a Google Maps, Apple Maps o Waze.
La falta de conexión permanente puede agradar a quienes están hartos de que casi todos los objetos lleven internet. Slate también asegura que no vende los datos de la aplicación y que solo recopila la información necesaria para el diagnóstico, el mantenimiento y comprobar el estado de las actualizaciones. Tras el escándalo por la venta de datos de vehículos por parte de GM, esta promesa puede ser un argumento de peso para algunos compradores.
La gran pregunta sigue en el aire: ¿habrá suficientes personas dispuestas a comprar una pickup eléctrica en la que el fabricante ha recortado con tanta decisión las comodidades habituales? Pero, si aparecen compradores, el software del vehículo podrá mantenerse al día de todos modos, aunque sea con la ayuda de un teléfono al que le han asignado el papel de módem del coche.
El artículo habla de la inusual pickup eléctrica Slate y de cómo el fabricante ha resuelto el problema de actualizar el software sin instalar un módem integrado en el vehículo. La versión básica es deliberadamente muy sencilla: no tiene sistema multimedia, radio, altavoces ni elevalunas eléctricos, y la carrocería lleva un revestimiento de vinilo en lugar de pintura. Slate Auto explica este ahorro por su intención de fijar un precio de partida inferior a 25.000 dólares. La empresa elimina los elementos que no están directamente relacionados con la conducción y la seguridad, pero vende complementos por separado. Entre ellos hay altavoces, un soporte para iPad, un kit para transformar la pickup en un todoterreno de cinco plazas y un módulo telemático que permite abrir las puertas desde una aplicación. La versión totalmente equipada puede costar más de 45.000 dólares.
Aunque no tiene conexión celular integrada, Slate puede recibir actualizaciones OTA, es decir, actualizaciones de software que se instalan sin tener que acudir al taller. Primero, la aplicación de Slate descarga el archivo de actualización en el smartphone. Después, se conecta el teléfono al puerto USB del salpicadero del vehículo. La transferencia de datos dura alrededor de un minuto; luego el coche instala la actualización por su cuenta, en un proceso de unos 45 minutos. El fabricante afirma que las actualizaciones se limitarán a corregir errores y realizar pequeñas mejoras: no conviene esperar grandes funciones nuevas.
La aplicación de Slate no solo sirve para las actualizaciones. Muestra la autonomía, ayuda a encontrar estaciones de carga y envía la ruta a Google Maps, Apple Maps o Waze. La autonomía estimada de la pickup es de 205 millas, unos 330 kilómetros. La carga útil máxima es de 1.550 libras (aproximadamente 703 kilogramos), y el peso máximo remolcable, de 2.000 libras (aproximadamente 907 kilogramos). El modelo está pensado más para trayectos cortos, transportar carga y las tareas cotidianas que para viajes largos. Por eso, compararlo con otras pickups eléctricas puede ser engañoso: Slate aspira a ocupar el nicho de los vehículos más asequibles y con un equipamiento limitado.
La empresa también asegura que no vende los datos de la aplicación y que solo recopila la información necesaria para el diagnóstico, el mantenimiento y el seguimiento del estado de las actualizaciones. Esta promesa puede interesar a quienes están preocupados por los datos que recopilan los coches, especialmente después del escándalo por la venta de información de vehículos por parte de GM. La gran pregunta es si habrá suficientes compradores dispuestos a renunciar a muchas comodidades habituales a cambio de una pickup eléctrica más asequible. Quienes finalmente la elijan, al menos, no tendrán que dejar el software sin actualizar: el smartphone se encargará de transferir los archivos y el vehículo los instalará por sí mismo.