
Cinco razones por las que un gato te pone la pata en la cara
Los gatos son famosos desde hace mucho por su independencia e incluso por su supuesta frialdad con las personas. Por eso resulta aún más misterioso que esta antigua alma esfingiforme decida de pronto apoyar con cuidado una pata directamente sobre la cara de alguien. Hay cierto componente íntimo, qué duda cabe, y la pregunta surge inevitablemente: ¿qué significa?
En primer lugar, todo depende de la situación: desde la hora del día hasta lo que hayas hecho justo antes. No intentes buscar un significado universal: a los gatos les importan un comino los manuales de recomendaciones.
Hay un detalle importante: las patas de los gatos esconden unas glándulas especiales, donde viven sus sueños olfativos. Las sustancias aromáticas (feromonas) se liberan directamente a través de las almohadillas. Cuando el gato te planta la pata en la cara, no lo hace porque sí: te marca con su sello personal. Nada de romanticismo: es pura burocracia biológica; esta persona la he reservado yo. Para un gato, casi una declaración de afecto.
Si la mano en la cara aparece a primera hora de la mañana, cuando todavía intentas dormir un poco más y el gato ya está pensando en irse a la cocina en busca de comida, el motivo es sencillo: el desayuno. Para ellos, cualquier retraso en la comida es una tragedia. La pata en la cara es la señal de «cocinero, arriba». ¿Lo ignoras? Hay alternativas: ronronear, lamerte, zarandearte con todo el cuerpo. Mucha gente se ha graduado en la escuela del «gato en la cara».
Lo más importante: no toda patita es una caricia. Si te equivocas y empiezas a meterle la nariz en la oreja o a atosigarlo con abrazos y él te responde con un manotazo, está claro: déjame en paz, humano. Los gatos también aman con distancia. No te enfades; no es agresividad, son límites personales. ¿Para qué pegarle a alguien si puedes decírselo educadamente y a la cara?
A veces el gato te toca la cara durante un abrazo cariñoso en el sofá, con suavidad y mirada relajada. Entonces está claro: es una muestra de sinceridad y confianza felinas. Incluso a veces les da por imitar lo que haces. ¿Cómo acaricias tú al gato? Con la patita te devuelve el gesto. Y ahí está toda la magia: amor a través de las almohadillas.
Quinto motivo: los gatos son genios del aprendizaje rápido. Si ven que después de ponerte la pata en la cara enseguida los rascas, les hablas o les das otra ración, repetirán la maniobra una y otra vez. No es manipulación, sino un intercambio práctico: una forma eficaz de conseguir lo que quieren.
Aun así, por muy tierno que parezca el contacto con el hocico, no olvides que las patas del gato son todo un universo de aventuras, incluida la de darse siete vueltas por el arenero en mitad de la noche. El cariño es una cosa; el jabón, imprescindible.
Quien haya tenido gato se ha llevado alguna vez una patada en la cara y se habrá preguntado qué clase de ritual extraño es ese: ¿masoquismo o pasión secreta? Veamos por qué los gatos invaden con sus patas el espacio personal.
Los gatos son maestros insuperables de la insinuación y sus patas, un mensajero universal entre mundos. Para empezar, el gato te marca; no como Vasya, el de la obra, sino mediante una compleja bioquímica: las feromonas de las almohadillas convierten tu cara en propiedad suya. Querías lealtad; ahí la tienes.
Luego está la comida. ¿No te has levantado a las cinco de la mañana? Pata en la cara: un mensaje desde las profundidades del estómago felino. ¿No reaccionas? Llega la mejora: desde unos golpecitos adorables hasta el terrorismo con la cola.
A veces la pata funciona como freno de emergencia. Te pasas con las carantoñas y el gato restablece los límites para recordarte que el amor tiene horario.
Si el contacto es suave y discreto, aprovecha el momento: el gato te aprecia más que a una mosca de verano.
Giro final: la pata es un muelle de retroalimentación. Como respondiste con caricias, el gato recibe una prima por repetir el truco.
Y, como extra, si el gato te asalta la cara, recuerda que una patita no es un mantel esterilizado. La higiene es amiga tanto de los gatos como de tu autoestima.
Un artículo para quienes ya se han resignado: los gatos quizá no ganen el Nobel de Psicología, pero a veces resultan más listos que nosotros. Pagarles con la cara es cuestión de costumbre y de terapia felina.