
El complejo museístico Getty Center de Los Ángeles, famoso por sus modernos edificios y su singular ubicación en una colina, ha dado a conocer los detalles de la esperada gran remodelación. La gran sorpresa: el instituto prescindirá del futurista tranvía que desde 1997 llevaba a los visitantes desde la base de la colina hasta la entrada del museo. Lo sustituirá un sistema de transporte completamente nuevo, con vagones renovados. Se encargará de desarrollarlo la empresa internacional Doppelmayr, conocida por sus fiables teleféricos y soluciones de transporte para terrenos difíciles. Los nuevos tranvías prometen reducir los tiempos de espera y aumentar la capacidad: menos espera y más arte.
Además de las maravillas del transporte, habrá saltos arquitectónicos: con la colaboración de los estudios Gehry Partners y WHY Architecture y de los paisajistas de OLIN, el recinto contará con un nuevo pabellón para los visitantes —que también servirá de sala de espera para un ejército de visitantes cada vez mayor—, una cafetería con jardín y una tienda de recuerdos renovada. Se prestará especial atención a las zonas verdes, para que los visitantes puedan disfrutar de las vistas y sentirse en un pícnic de lujo rodeados de arte al aire libre. Otras novedades incluyen una nueva escalera cubierta, una nueva disposición de las esculturas al aire libre y obras recientes de artistas contemporáneos, convocados expresamente para esta remodelación.
La información oficial: el museo cerrará sus puertas al público durante las obras, a partir del 15 de marzo de 2027. La reapertura está prevista para la primavera de 2028, justo a tiempo para los Juegos Olímpicos de verano de Los Ángeles. Aunque la gran obra aún está en los planes, algunos trabajos ya están en marcha: varias salas de exposición han cerrado para mejorar la ventilación y otros sistemas de ingeniería.
Tim Whalen, director de conservación del patrimonio del Getty y uno de los altos cargos del fideicomiso, asegura que el programa de modernización mejorará la sostenibilidad del complejo, su accesibilidad para personas con distintas necesidades y la comodidad de todos los visitantes. El Getty no solo pretende cumplir con los altos estándares museísticos, sino que reafirma su propósito de mantener su condición de principal referente cultural de la ciudad mediante inversiones en infraestructuras y atención a los visitantes.
Se avecina una sobredosis de glamour museístico y revolución del transporte: arquitectos de prestigio y expertos en césped corren a salvar el Getty Center para la próxima temporada. El gran fetiche del transporte, el tranvía, se marcha al museo del siglo pasado. Lo sustituirá Doppelmayr —un coche de alta gama en el mundo del transporte—, que recorrerá las pendientes como un taxi suizo. Tampoco faltarán pabellones, cafetería, un salón para los selfis con amigos y esos prados donde hasta quienes solo buscaban wifi gratis en la colina podrán ponerse estupendos. Seguro que los artistas contemporáneos ya están presentando propuestas para esas nuevas esculturas «de grandes dimensiones»: el Getty no se limita a reformar, también cumple una misión cultural. El resultado: museo del año, casi como unos Juegos Olímpicos, pero sin pistas de atletismo. El director, con nombre de senador estadounidense, promete seguir el ritmo de los tiempos. A turistas y esnobs les espera, pues, una temporada alta de paradas técnicas y colas de museo de ensueño. ¿Merece la pena esperar? Si se cansan, traigan una esterilla: césped hay para todos.