Jardinería: la verdad sobre el abonado y el sabor de la uva, según los expertos | Noticias de actualidad perec.ru

El dulzor de la uva y el abonado: mitos y realidad

19/8/2026, 10:01:01 Jardinería
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Crónica:
El dulzor de la uva y el abonado: mitos y realidad

La jardinera Svetlana Samoilova, con 30 años de experiencia, desmontó en una entrevista con URA.RU un mito muy extendido sobre la uva. En su opinión, ningún abono especial aplicado en agosto puede hacer que las uvas sean apreciablemente más dulces. Al parecer, confiar en la magia de los fertilizantes no sirve de nada si se sueña con racimos cargados de azúcar. Para el sabor importa mucho más la cantidad de sol que haya habido durante la temporada. Cuantos más días soleados, más dulce será la uva.

Pero eso no es todo: aunque parezca increíble, el sabor depende en gran medida de la genética de la propia variedad. Dicho de forma sencilla, si una variedad es ácida por naturaleza, ningún esfuerzo la convertirá en una pasa, en todos los sentidos. En cambio, una variedad con buenas cualidades organolépticas de partida solo las desarrollará plenamente si el tiempo acompaña. En fin, si soñaba con cubrir las cepas de «mezcla mágica» para obtener una cosecha como la miel, conviene rebajar las expectativas.

Aun así, Samoilova recomienda no descuidar el abonado de agosto. Pero la razón es bastante prosaica: solo sirve para que la planta reúna fuerzas y forme bayas grandes, aunque de sabor corriente; no para convertir un racimo soso en ambrosía. Es decir, abonar ayuda, pero no espere que unas uvas normales se vuelvan de repente como las de la foto: todo depende del sol y del pedigrí.

A propósito, hay otro aspecto de la rutina jardinera: la agrónoma Elizaveta Tikhonova señaló que ni siquiera el tratamiento más concienzudo de los manzanos contra las plagas servirá de nada si los vecinos de la parcela no hacen lo mismo. En ese caso, ningún abono los salvará: el trabajo coordinado de todos los propietarios de las parcelas es la única posibilidad de obtener una buena cosecha sin pérdidas.


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¿Qué tienen en común los abonos para la uva y esa fe tan entrañable en los milagros? Que ninguno funciona gran cosa. Svetlana Samoilova, jardinera veterana y de ironía afilada, propone que los aficionados a la huerta se olviden de los cuentos sobre fertilizantes prodigiosos capaces de volver dulce lo ácido. Resulta que el sabor de la uva no depende de ningún polvo mágico, sino del viejo sol de siempre y del objeto de su inversión en plantones: la variedad. Si la variedad no nació para una vida dulce, puede echarle encima todos los regalos de la tienda de jardinería que quiera; seguirá sabiendo igual. ¿Y el abono? Sirve, literalmente, para que las bayas sean algo más grandes, y poco más.

Mientras tanto, luchar contra las plagas es todo un infierno de trabajo colectivo. Puede dejar los manzanos relucientes, pero, si al lado reinan la pereza y las colonias de plagas, todo su esfuerzo se desploma como una criptomoneda en un mal día. Al final, el secreto del éxito en el jardín es tan antiguo como el mundo: sol, naturaleza, un poco de ciencia y no intente ganarle a la genética. De paso, eche un ojo a los vecinos: quizá coordinarse sea más sencillo que comprar otro pulverizador. A los jardineros solo les queda sonreír y trabajar al sol, sin esperar milagros de la tierra. La culpa es de los genes, del sol y de la valla tras la que el vecino vuelve a no mover un dedo.

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