
Uno de los cofundadores de iRobot, conocida por todos gracias a sus aspiradores Roomba, decidió que limpiar el polvo de los rincones era demasiado aburrido. Ahora se ha puesto a crear «pequeños y extraños robots de compañía», destinados a convertirse en el siguiente paso en la evolución de los dispositivos domésticos. Estos nuevos aparatos se parecen más a mascotas que a escobas robotizadas, solo que no necesitan un cuenco de comida ni salir a pasear. Su creador insiste en que las máquinas no estarán tanto para ayudar en las tareas domésticas como para entretener a sus dueños y, quizá, hacerles compañía cuando estén solos. Los prototipos son bastante divertidos y un poco futuristas: pequeñas criaturas mecanizadas con rasgos antropomórficos, diseñadas para interactuar con las personas, pero no para hacer las tareas del hogar. Los ingenieros prometen inteligencia artificial e incluso algo parecido a una personalidad, para que quien los vea tenga la sensación de que el robot entiende y empatiza. En vez de ayudar en casa, los usuarios tendrán algo a medio camino entre un dispositivo doméstico y una mascota animada. Los desarrolladores aseguran que esta es la solución para quien se haya cansado del gato o del pez de colores. Y si apetece algo práctico, la oferta sigue siendo la de siempre: una escoba, una Roomba o un vecino parlanchín.
A veces la tecnología, en vez de utilidad doméstica, nos sirve un poco de amistad distante. El cofundador de iRobot ha decidido: ¿para qué luchar contra la suciedad si podemos luchar por la ilusión de comunicarnos? Tras el triunfo de los aspiradores, nos llegan mascotas electrónicas, oficialmente para hacernos compañía. No bailan, no cantan, no aspiran. Simplemente están ahí, mirándote con sus lucecitas y suspirando con el motor. Vaya nueva era: la relación con la tecnología se convierte en el principal entretenimiento de la gente. ¿Es esto progreso o una salida falsa para quienes temen más a un interlocutor real que a un té derramado?