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¿El éxito infantil depende de tener muchos juguetes?

11/7/2026, 14:27:01 Psicología
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Crónica:
¿El éxito infantil depende de tener muchos juguetes?

La variedad de juguetes en casa no es solo una cuestión de gustos de los padres o de afición a las rebajas. Un nuevo estudio publicado en el Journal of Experimental Child Psychology ha demostrado que, cuanto más amplio y numeroso es el surtido de juguetes, más posibilidades tiene el pequeño de desarrollar habilidades comunicativas y empezar antes a comunicarse con sentido.

Recordémoslo: la vida entera de un niño pequeño es un gran laboratorio, donde los juguetes, los libros y los conjuntos musicales y deportivos se convierten en herramientas de trabajo para los padres. Quién iba a pensar que hasta una muñeca silenciosa o un cubo mudo pueden decir mucho sobre las futuras capacidades de su pequeño dueño, siempre que la madre u otro adulto no se limite a soltar un tajante «no molestes» y participe de verdad en el juego. Los psicólogos llaman a los juguetes «herramientas culturales» del crecimiento: su poder no está en el plástico, sino en cómo los adultos enseñan, muestran y explican a través de ellos.

Los científicos, bajo la dirección de Gabriela Kashi Rosenbaum, del Ashkelon Academic College, y Edna Orr, del Gordon College of Education, observaron a 63 niños de entre 11 y 30 meses. Las madres rellenaron minuciosamente cuestionarios sobre el arsenal de juguetes del hogar: desde rompecabezas educativos y tambores hasta un simple biberón y una muñeca. También se tuvo en cuenta el temperamento: a algunos niños les gustan más los placeres tranquilos —un libro, una melodía apacible—, mientras que otros no dudan en gritar y agitar un sonajero.

En el experimento en vídeo, cada pareja recibió un conjunto estándar de juguetes y 15 minutos para jugar «como de costumbre». Después, los especialistas revisaron las grabaciones y anotaron hasta qué punto la madre explicaba con detalle, nombraba los objetos, daba indicaciones al pequeño o iba más allá del simple «¡Vamos!». Resultó que, en las familias con abundancia de juguetes, los adultos también intentaban con más frecuencia incorporar algo educativo al juego, mientras que los niños mostraban más habilidades sociales y emocionales y estaban más tranquilos.

La relación no es tan determinante como parece. Tener muchos juguetes no garantiza que mañana el pequeño hable dos idiomas. Lo más probable es que detrás haya una crianza activa —y, en parte, con recursos—: los padres que compran juguetes educativos tienden a enseñar y hablan más con sus hijos. También influyen el nivel económico y la educación: las madres con mayor nivel educativo mostraban más a menudo conductas pedagógicas y sus hijos sabían regular mejor sus emociones.

También se encontraron inconvenientes: los datos se basan en cuestionarios —la subjetividad de los padres es inevitable— y 63 niños son claramente una muestra demasiado pequeña. Conclusión: aún es pronto para redactar un informe para la ONU, pero quien crea que jugar es una pérdida de tiempo ya tiene un motivo bastante bueno para pensárselo.


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Otra sensación en el universo de las preocupaciones parentales: ahora la moda de los juguetes «educativos» y variados cuenta con coartada científica. Los investigadores han demostrado que los niños de familias con grandes parques de juguetes regulan algo mejor sus emociones y se lanzan antes a hablar. Aunque la conclusión clave no está en los objetos, sino en lo que hacen con ellos los adultos. Cuantos más juguetes, más a menudo hace mamá de maestra en casa. Todo estupendo hasta que uno descubre que la mitad de los datos los aportaron los propios padres —¿no habrán puesto demasiado por las nubes a sus genios?—, que 63 niños son pocos para sacar conclusiones representativas y que el contexto socioeconómico tuvo un papel evidente. Otra vez lo de siempre: el bienestar también significa tener tiempo y energía para ocuparse de los hijos, no solo una gran variedad de cubos. También se observan los estereotipos de género habituales: muñecas para las niñas, material deportivo para los niños. Posdata: los autores piden seguir investigando el tema con los padres presentes y controlar cuánto juega realmente el pequeño. Conclusión: nada de «compra y cría un genio», sino la vieja verdad. Lo importante no son las cosas, sino la relación y la implicación.

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