Noticias de psicología: un estudio relaciona la variabilidad del pulso con la originalidad de las ideas verbales y visuales | Noticias de psicología perec.ru

El pulso de las ideas: cómo se relaciona el estado del cuerpo con la creatividad

19/10/2026, 21:18:00 Psicología
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El pulso de las ideas: cómo se relaciona el estado del cuerpo con la creatividad

El estado del organismo antes de una tarea creativa puede estar relacionado con el tipo de ideas que se le ocurren a una persona: verbales o visuales. Esa es la conclusión de los autores de un estudio publicado en la revista Psychology of Aesthetics, Creativity, and the Arts. Una baja variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC) se relacionó con una mayor originalidad de las respuestas verbales, mientras que una alta se asoció a la originalidad de los dibujos y otras ideas visuales.

La VFC consiste en pequeñas variaciones en los intervalos entre latidos. Está influida por el sistema nervioso autónomo, que regula, entre otras cosas, el ritmo cardíaco, la respiración y la respuesta al estrés. En general, una VFC más alta suele relacionarse con la actividad de la rama parasimpática del sistema nervioso, la parte que suele llamarse sistema de «descanso y digestión». Los científicos utilizan la VFC mediada por el nervio vago como una medida indirecta de la regulación del organismo y de su interacción con el cerebro.

La creatividad suele estudiarse en laboratorios, donde los participantes realizan tareas en condiciones controladas. Pero las ideas surgen a menudo mientras paseamos, cocinamos, nos duchamos o trabajamos en casa. En esas situaciones cambian la concentración, la relajación y el nivel de activación física, por lo que el entorno del laboratorio no siempre refleja la vida cotidiana.

El estudio estuvo dirigido por Christian Rominger, de la Universidad de Graz, en Austria. Participaron 157 estudiantes, con una edad media de unos 23 años; 103 eran mujeres. Durante cinco días, llevaron un sensor portátil de electrocardiografía y realizaron tareas creativas a distintas horas del día.

Doce veces al día se proponía a cada participante una tarea verbal o visual. En la primera, debía idear usos poco corrientes para objetos cotidianos. En la segunda, tenía que crear un dibujo utilizando formas abstractas. Los investigadores midieron la VFC durante los cinco minutos previos a la tarea y, después, evaluaron la originalidad del resultado.

El análisis incluyó 6930 mediciones del ritmo cardíaco aptas para la evaluación. La relación entre la VFC y la originalidad dependía del tipo de tarea: con una VFC más baja, las ideas verbales eran más originales; con una VFC más alta, resultaban más originales los trabajos visuales. La diferencia era especialmente clara cuando la VFC era baja: en ese caso, las respuestas verbales superaban a los dibujos en originalidad. Con una VFC alta, ya no se observaba una diferencia estadísticamente significativa entre los dos tipos de creatividad.

Los autores plantean que distintos tipos de creatividad podrían beneficiarse de diferentes estados fisiológicos. Quizá las ideas verbales se vean favorecidas por un mayor estado de alerta o disposición a actuar, mientras que las visuales, por la calma, la imaginación y la capacidad de representar mentalmente movimientos e imágenes.

La relación se mantuvo tras tener en cuenta la edad, el sexo, el índice de masa corporal, la actividad física, la postura y la frecuencia cardíaca. Las ideas creadas en casa también eran más originales que las que surgían en otros lugares. Además, los investigadores observaron una relación entre el consumo de nicotina y la originalidad, pero se basa en solo 417 respuestas, por lo que este resultado debe interpretarse con especial cautela.

Rominger y sus colegas escribieron que su trabajo propone un modelo capaz de predecir de forma fiable la originalidad de las ideas en situaciones cotidianas. Sin embargo, el estudio era observacional: los científicos no modificaron el estado fisiológico de los participantes, sino que se limitaron a registrar los indicadores y los resultados. Por tanto, no demuestra que la VFC influya por sí misma en la creatividad. El estrés, los rasgos de personalidad, el movimiento, el entorno y otros factores no considerados podrían haber afectado a ambos indicadores.

También hay una limitación relacionada con la muestra: los participantes eran estudiantes jóvenes, por lo que las conclusiones no pueden extrapolarse automáticamente a personas de otras edades. El estudio «It Is Heart to Be Creative: Insights From Ambulatory Monitoring» fue elaborado por Christian Rominger, Andreas Fink, Bernhard Weber, Corinna M. Perchtold-Stefan, Matthias Benedek y Andreas R. Schwerdtfeger.


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La ciencia tiene un talento poco común: sabe medir casi cualquier cosa, excepto qué ha demostrado exactamente. Se registra el ritmo cardíaco, se cuentan las ideas, se ordenan cuidadosamente las tablas, y ya asoma la tentadora idea de que el organismo elige por nosotros de antemano: hoy toca escribir con palabras, mañana dibujar. Pero observar no es manejar un mando a distancia, aunque el gráfico tenga un aspecto muy convincente.

Aquí es especialmente importante no confundir correlación con causalidad. Que dos fenómenos cambien a la vez no significa que uno mande sobre el otro. El estrés, la postura, un paseo, el estado de ánimo o el ruido de una cocina pueden influir al mismo tiempo tanto en el pulso como en lo buena que nos parece una idea. En estas historias, el sistema nervioso suele hacer de director invisible al que se han olvidado de incluir en los créditos.

Los autores hablan con cautela de posibles estados: alerta para las respuestas verbales, calma para las visuales. Es una hipótesis razonable, pero todavía no una instrucción del tipo «cómo activar la creatividad». El estudio no permite concluir que haya que cambiar deliberadamente la respiración, ponerse nervioso antes de escribir o buscar un pulso creativo universal. Por suerte, el organismo no tiene un botón de «producir una obra maestra»; de lo contrario, hace tiempo que lo venderían por separado, con suscripción y promesa de resultados en tres días.

El hallazgo sobre la nicotina, en particular, es de esos que tientan a los publicistas, y precisamente por eso no deberían caer en sus manos. Unos cientos de respuestas justifican seguir investigando, pero no convierten un hábito perjudicial en una herramienta creativa. La cautela aquí no es pedantería, sino higiene básica del razonamiento: el estudio no administró nicotina ni demostró que sea beneficiosa.

La muestra también recuerda los límites de las conclusiones grandilocuentes: los estudiantes jóvenes no representan a todo un país ni a todas las generaciones. Lo observado en este grupo aún debe comprobarse en personas de otras edades y en distintas condiciones. Si no, el proceso habitual es sencillo: se empaqueta un resultado científico matizado como consejo universal y la letra pequeña se reserva para quien haya llegado hasta el final.

El sentido práctico del trabajo es más modesto e interesante que la versión publicitaria: las tareas creativas pueden encajar de distintas maneras con el estado del momento de cada persona, y el entorno cotidiano merece estudiarse tanto como el laboratorio. Pero, por ahora, la mejor conclusión es no buscar un pulso mágico ni presentar una asociación preliminar como una ley natural. La prudencia científica rara vez se hace viral; pero es precisamente lo que impide que una hipótesis atractiva se disfrace de manual para la vida.

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