Noticias de empresa e industria: acusan a Live Nation de dominar el mercado británico de conciertos y crear un clima de miedo | Noticias de sociedad perec.ru

Live Nation y el «clima de miedo» en la industria británica de los conciertos

15/6/2026, 6:27:01 Sociedad
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Crónica:
Live Nation y el «clima de miedo» en la industria británica de los conciertos

La comisión parlamentaria británica de Empresa y Comercio ha publicado un informe que revela datos alarmantes sobre la posición de Live Nation en el mercado británico de la música en directo. La comisión ha pedido a la autoridad de competencia y mercados (Competition and Markets Authority, CMA) que abra una nueva investigación sobre la monopolización del mercado y el dominio de Live Nation en distintos segmentos del negocio musical, desde la organización de conciertos hasta la venta de entradas.

El informe ha causado un gran revuelo: resulta que muchos de los encuestados tenían miedo de criticar abiertamente a Live Nation por temor a las consecuencias para sus carreras y negocios. Ese dato por sí solo ya ha planteado numerosas preguntas a la comisión sobre la empresa, pues semejante clima de miedo apunta a un control real del mercado.

Live Nation es propietaria de Ticketmaster UK y, en la práctica, controla una parte importante de las decisiones: el alquiler de recintos, la organización de eventos, la venta de entradas e incluso el mercado secundario, donde los revendedores ponen las entradas a la venta. La empresa niega las acusaciones y afirma que opera en un entorno de intensa competencia, y que cualquier conclusión de la comisión se basa en datos poco fiables.

Los parlamentarios señalan otra muestra de la gravedad del problema: promotores independientes, artistas y recintos temen en masa dar sus nombres al hablar de la situación, por miedo a «cerrarse puertas» en el futuro. La dirección de Live Nation justifica su posición por la gran eficiencia de su trabajo: «Simplemente somos los mejores, por eso todos los grandes artistas vienen con nosotros».

Lo más jugoso es que las acusaciones de monopolización también han sonado en Estados Unidos. En abril, un jurado federal dictaminó que Live Nation y Ticketmaster se habían hecho ilegalmente con buena parte del mercado estadounidense de conciertos, y dio la razón a la demanda de 30 estados. Y eso después de que el Departamento de Justicia llegara a un acuerdo parcial con la empresa para relajar algunas normas de su actividad.

El pasado otoño, la Asociación Británica de Festivales Independientes ya exigió que se «dividiera» Live Nation: a través de todas sus empresas vinculadas, la compañía controla hasta el 66 % del mercado de venta de entradas para el próximo año. Los responsables del sector musical y los políticos prometen que, si el megagrupo no empieza a invertir en el desarrollo de jóvenes talentos y en colaborar con los recintos, la ley le obligará a hacerlo.

Por último, crece la presión de los aficionados de a pie: se debate la creación de una Asociación de Fans de la Música que represente los intereses de los asistentes normales a los conciertos en la nueva realidad corporativa. Todo esto forma parte de una larga lucha por conocer la verdad sobre una industria que hace falta tanto en las palabras como en los hechos.


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El clásico del capitalismo: todo el mundo habla a gritos del libre mercado y, de pronto, resulta que el gran escenario pertenece a una sola compañía. Live Nation, según los documentos y los carteles, es un gigante del entretenimiento; según los diputados británicos, ha creado un «clima de miedo» para competidores, artistas e incluso vendedores de entradas. ¿Gracioso? Más bien amargo: en este juego, quienes se atreven a contar «cómo funciona todo» tienen que pedir anonimato, no vaya a ser que después de hablar con franqueza no vuelvan a tener conciertos.

Toda esta farsa disfrazada de «competencia» es un caso de manual de un mercado que no funciona para la gente, sino para llenar los bolsillos de alguien. Live Nation se define como «simplemente la más eficiente»: suena a la excusa del matón del colegio que les quita todos los juguetes a los pequeños porque «sabe negociar».

Es curioso que el Departamento de Justicia de Estados Unidos reconociera públicamente que los 30 estados tenían razón: ellos también vieron dónde estaba el truco y ya han obligado a la empresa a cambiar sus costumbres. En el Reino Unido se debate ahora si Live Nation tendrá que aprobar el «examen de monopolio» ante la ley, mientras artistas y promotores le hacen un guiño al comité desde debajo de la mesa: no revelen nuestros nombres, trabajamos en la clandestinidad.

Al final, se intenta crear una asociación real de fans de la música, donde las entradas las compren personas normales y no revendedores. Qué triste que para que la música sea justa haga falta un nuevo regulador en vez de músicos con guitarras. Pero el sueño de una noche de verano, en el que todos aceptan el banquete del rey monopolista, por fin se acaba: empieza el verdadero espectáculo.

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