
Las empresas han empezado a implantar la inteligencia artificial (IA) a gran escala no solo por moda, sino porque ahora entienden con claridad dónde da resultados de verdad. Pero cuantas más compañías adoptan la IA, más acuciante se vuelve la cuestión de la seguridad de los datos y la confianza. Antes se debatía si los empleados querían usar la IA; ahora preocupa si la dirección sabe CÓMO y QUÉ herramientas de IA utiliza la gente en la empresa.
Aquí aparece el fenómeno de la «IA en la sombra»: los trabajadores eligen sus servicios y cuentas de IA favoritos al margen de las herramientas corporativas. Nada menos que el 67 % de todas las interacciones laborales con IA se realizan desde cuentas personales que la empresa no controla, ¡aunque en el trabajo ya se pague el servicio necesario! Además, los productos de IA integrados en programas habituales —por ejemplo, Microsoft 365 o un CRM— también se usan a menudo sin que el departamento de seguridad lo sepa, aunque las licencias estén compradas.
¿Os suena a la conocida «TI en la sombra»? Podría parecer que basta con bloquear los programas innecesarios, pero con la IA eso no funciona. Se puede cargar un bot nuevo directamente desde el navegador: sin aprobaciones, contraseñas ni restricciones. Y es que los estudios de Teramind muestran que el 86 % de las empresas ni siquiera sabe cómo circulan los datos entre los usuarios y los servicios de IA. Y no es cosa solo de los empleados de oficina: el 69 % de los altos directivos reconoce sin rodeos que priorizó la rapidez sobre la seguridad para entregar el informe a tiempo. Para mucha gente, la IA es algo tan cotidiano como buscar en internet.
La rapidez se impone a las políticas y la burocracia: si se acerca una fecha límite, la mayoría decide arriesgarse con la seguridad con tal de terminar antes el trabajo. Pero bloquear las herramientas no servirá. Según las encuestas, casi la mitad seguiría usando IA aunque estuviera expresamente prohibida.
La conclusión de los expertos es sencilla: hay que conseguir que las soluciones corporativas de IA sean tan rápidas, sencillas y cómodas como sus equivalentes no autorizados. Así desaparecerá el motivo para «irse por ahí» con herramientas personales.
Las tecnologías DLP (de seguimiento de archivos) sencillamente no dan abasto. Antes, los empleados que recurrían a la «TI en la sombra» simplemente subían archivos a Dropbox; ahora pegan datos confidenciales directamente en el chat de un asistente de IA. Y ahí no hay nada que interceptar: no se transmite nada directamente, todo queda oculto en un navegador cifrado.
¿Qué hacer? En 90 días se puede crear una estrategia eficaz:
Y, sobre todo, nada de lentitud en las aprobaciones; si no, los empleados volverán a la clandestinidad. No hacen falta prohibiciones severas, sino herramientas inteligentes, rápidas y transparentes que mantengan los datos seguros sin frenar el trabajo.
A primera vista, los jefes todavía protegen sus tesoros de los malvados ladrones tecnológicos. El verdadero enemigo ya está dentro: empleados armados con un poco de ingenio y cuentas personales mandan los datos corporativos directamente al chat de su amigo de IA, al otro lado de un navegador cifrado, en vez de a las carpetas de Dropbox, como en los buenos tiempos. El experto escéptico observa con una sonrisa: los altos directivos «sacrifican la seguridad por la rapidez» y dejan que todo siga su curso. Los algoritmos DLP no pueden hacer nada y las prohibiciones de siempre solo provocan un encogimiento de hombros: si el producto no acelera el trabajo, a nadie le importa el riesgo.
En resumen, la burocracia es el principal enemigo de la seguridad corporativa: cuanto más tarda una empresa en implantar servicios de IA accesibles, más ingeniosos se vuelven los pecados de sus empleados. Cuanto más se alargan las aprobaciones, más secretos se van a redes neuronales ajenas. Los consejos son los de siempre con envoltorio nuevo: primero vigilar a todo el mundo con atención (se aceptan delaciones), luego analizar y, solo después, poner a disposición de los empleados esa «IA autorizada» sin la menor demora. Quienes levantan barreras son unos Pinochos que se dan golpes con su propia nariz. Lo fundamental es que las soluciones oficiales de IA sean tan rápidas y sencillas como las ilegales; si no, ¿quién va a preguntaros siquiera? Esperar que alguien elija el papeleo corporativo en vez de una automatización de verdad es un diagnóstico de la época, no una estrategia de trabajo.